jueves, 28 de julio de 2016

El pan nuestro de cada día...


Me comentaba una amiga mía hace poco que:  “se presenta un día bastante aburrido... ahora no me vayas a decir que lo predispongo yo...”

¡Cierto! Los días se presentan sin avisar. Unos de una guisa y otros de otra. Y no siempre, casi nunca, tenemos la opción de escogerlos…

Ahora bien, una vez que ya están aquí somos nosotros los responsables de cómo los vivamos. Nadie nos obliga a vivirlos de una manera determinada.

La frase anterior, real en sí misma, puede ser contestada por el hecho de que hay días y situaciones que parecen excederla. Y sería cierto. Pero también cabe la posibilidad de que tú, precisamente tú, no estés en esa situación tan límite… Y si no lo estás, ¡que no lo estás!, no cabría que buscases fuera de ti hipotéticas situaciones de terceros para justificar el desacuerdo.

Esta “técnica” de modificar los efectos de un día no deseado, en principio, es sencilla. Pero puede llevar toda una vida, o más, el aprenderla, aceptarla y aplicarla. Y ver como la vida de uno cambia como la noche y el día.

Es muy probable que la mayoría de la gente la desconozca, o conociéndola no crea en ella, y hasta la rechace de plano… No es extraño que así suceda.

No hay más que ver la cosecha recogida para saber qué se ha sembrado antes.

Mucha de la insatisfacción que se vive está creada por uno mismo al poner su atención en cosas que no le conciernen… Y que nada tiene que ver con ese concepto, palabra hueca en muchos casos, llamado “egoísmo”.

...dánosle hoy; y perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores...

sábado, 16 de julio de 2016

La vida...


...no está contenida en un libro de instrucciones concreto, soso y limitado.

¡La vida es otra historia!

Hace unos 50 años, 18 tendría, y habiendo salido a dar una vuelta con el coche por las afueras de Madrid presencié un pequeño accidente entre dos coches. De hecho ya se había producido cuando llegué. El conductor embestido, marroquí, con su familia a bordo, le insistía al agente de tráfico que intervenía que el conductor del otro coche no era la mujer que pretendía pasar por ello. Con su limitado castellano quería hacerle ver que el conductor, un hombre, se había dado a la fuga por los campos que bordeaban la carretera.

La mujer, joven según la recuerdo, insistía con vehemencia que era ella la que conducía pues nadie más iba en el coche.

El tema estaba bastante claro. A la firmeza del marroquí se sumaba la dudosa declaración de la mujer. Ésta insistía pero no convencía. A mi desde luego no lo hizo.

¿La realidad? ¡Sencilla! La pareja que viajaba en el coche que chocó con el otro no se encontraba en situación… cómoda. Ella, posiblemente casada, habría cogido el coche del marido para vivir una experiencia con su acompañante. No se conocían de ayer. Tampoco su relación era algo baladí… Ciertos sentimientos anidaban en ellos. O por lo menos el fuerte deseo de estar juntos.

Quiso la suerte que las cosas sucediesen así. Que una relación de amistad o amor, secreta, quedase al descubierto al tener que ponerse en evidencia tras la intervención de terceros…

¿Cómo acabó esta historia? Lo desconozco. Una vez que intervino la autoridad de trafico nos obligaron a despejar y continuar el viaje. Quiero creer que la historia de esta pareja quedó al descubierto y…, lo que ello supusiese significaría todo un cambio en sus vidas.

Si siguieron juntos, ya de forma abierta, o las cosas con su marido se arreglaron de alguna manera, sólo ellos lo conocen. Cierto es que por la época en que esto sucedió, 1966, la mentalidad imperante era bastante estrecha, retrógrada y machista.

No cabe duda que la historia dejó huella en mí. Serían apenas unos minutos los que presencié la actuación de aquella mujer, no niego que con cierta desesperación, que pretendía mitigar las consecuencias de algo tan natural como vivir su vida de otra manera a la establecida.

viernes, 1 de julio de 2016

...y por añadidura la tuya!


Tras las fuertes lluvias caídas en el valle, que aceleraron el caudal del río acorde con los acontecimientos vividos en el país, éste, el río, ha vuelto a su ritmo pausado y entrañable propio del verano. Incipiente aún la estación, sí, pero ya marcando paso… Y es que el valle, a diferencia del país y hasta del mundo, vive una realidad propia. ¿Qué se vislumbran en lontananza rayos y truenos?, puede, pero lo que suceda “allá” no tiene porque afectar “aquí”.

Aquí” y “allá”.

El “aquí” puede significar tú mismo…, ¡aquí y ahora! ¡Y el “allá” lo demás!

El “aquí y ahora”, como frase hecha que intenta representar una realidad, la habrás oído muchas veces, incluso puede que la hayas empleado en algunas ocasiones, y sin embargo su significado real, tal vez, queda diluido entre tanta palabra hueca que vuela por todas partes. ¿No sería la inconcreción del mundo ejemplo de ello? ¡Palabras, palabras, palabras…!

Este no es un texto falto de esperanza…, si acaso lo contrario. Una indicación de dónde estás tú, o debieras estar, y de dónde no!

Esto es el significado de enseñanzas antiguas, y de hoy, que señalan realidades, reales, y no creadas en platós, seminarios, cursillos o instituciones de todas clases.

-¡Aquiétate y sabe que YO SOY Dios!
-¡Donde pones tu atención en eso te conviertes!
-Caerán mil a tu lado y diez mil a tu diestra pero a ti no han de tocarte!

Cierto que parecen palabras, palabras y palabras también pero…, tal vez debas ponerte a desbrozarlas para encontrar su realidad, su esencia… Y por añadidura la tuya!

-¡Buscad primero el reino de los cielos y todo lo demás se os dará por añadidura!